sábado, 27 de junio de 2009

5. CONCLUSIÓN


"ítaca" de Kavafis (fragmento)

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.


Fueron muchos los judíos que salieron de Sefarad buscando Ítaca. El viaje de los exiliados es siempre un viaje largo; siempre se enfrentan a lestrigones y cíclopes; siempre arriban a puertos que no esperaban. Llegar a Ítaca con la llave de la casa de la judería, por si un día vuelves, o conservar la lengua que hablabas antes de que te expulsara de tu lugar la furia de Poseidón: eso también forma parte del viajero de pensamiento elevado.

El ladino es una lengua con viaje, con historia, con esperanza, con lealtad al sitio que se dejó y a la cultura de la que se procede. Las canciones sefardís son un pequeño milagro, sobrevivientes a tantos puertos y tantas experiencias, supervivientes a toda suerte de vaivenes históricos.

Como mínimo, tenemos el deber de conocerlas, de comprenderlas, de admirarlas, de conservarlas, de profundizar en la belleza tan sencilla que albergan.

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